Libertad Democrática, República y Bandera Tricolor

El 4 de julio de 1776 el Segundo Congreso Continental, reunido en Philadelphia, proclama la independencia de Los EEUU con respecto a la metrópoli británica. Es el nacimiento de una nueva nación y también un cambio con respecto al ordenamiento político que había regido durante mucho tiempo en las sociedades occidentales y que va a influir de forma decisiva en como otros países se van a organizar a partir de ese momento. Se trata de la primera democracia constitucional, parlamentaria y federal de la historia.

Una de las consecuencias más directas de esta declaración de independencia fue la Constitución que los 13 estados fundadores se otorgaron a si mismos, a la nueva nación, y que fue promulgada en 1787. La aprobación no se llevó cabo hasta que al menos 9 de los 13 estados no lo hubieran hecho previamente. Esta documento constaba en un principio de un preámbulo y 7 artículos a los que posteriormente, en 1791, se les añadiría la Carta de Derechos, que son las famosas 10 enmiendas iniciales a la constitución de 1787. Las enmiendas son principios básicos de la libertad humana que algunos representantes creían necesario apuntalar, sobre todo los «no federalistas». Como cada una necesitaba la aprobación del número requerido de estados, de las 12 presentadas inicialmente, solo fueron admitidas de la 3 a la 12 (10 primeras enmiendas). La número 2 fue admitida por este sistema en 1992, 150 años después. Así que aunque se han ido incorporando otras de nueva factura, de las 12 iniciales, aún quedaría la número 1 por ser aprobada.

La constitución americana se basa básicamente en la experiencia de los 13 estados fundadores, en la literatura republicana, en la Declaración de Derechos inglesa de 1689, pero sobre todo en las ideas de Montesquieu sobre como crear un equilibrio en los gobiernos que pueda prevenir la tiranía. Es decir, la creación de una republica parlamentaria. Esta idea tiene su base en la Ilustración, ese movimiento ideológico que se dio en Europa entre mediados del siglo XVIII y principios de XIX. Los pensadores de la Ilustración sostenían que el conocimiento humano podía combatir la ignorancia, la superstición y la tiranía, pudiendo dar lugar a un mundo mejor. De esta forma se podría llegar a superar la realidad política y social que imperaba hasta ese momento y que no era otra que el llamado Antiguo Régimen, fundamentado en el absolutismo monárquico, más parecido a la tiranía feudal. Se trata, pues, de educar a la sociedad, ya que una sociedad culta que piensa por si misma asegura el fin del absolutismo. De este modo, la Ilustración proclama el progreso, los derechos naturales e inviolables de las personas y también el laicismo. En cuanto a la política, la ilustración propone la separación de poderes, la secularización, el contrato social y la felicidad epicúrea, es decir, en una felicidad ausente de dolor y sufrimiento en la medida de lo posible.

Bajo todas estas bases, el Preámbulo de la Constitución Americana proclama: «Nosotros, el pueblo de los EEUU, a fin de formar una unión más perfecta, establecer justicia, asegurar la tranquilidad interior, proveer la defensa común, promover el bienestar general y asegurar para nosotros mismos y para nuestros descendientes los beneficios de la libertad, proclamamos e instituimos esta Constitución para los EEUU». Ahí es nada, sobre todo teniendo en cuenta el proceso democrático que estas magníficas palabras necesitaron para que se las diera como buenas.

Posteriormente, influenciada por el proceso constitucional americano y por la propias ideas de la Ilustración se iniciaría en Francia la Revolución Francesa (1789), con el objetico de derribar el Absolutismo del Antiguo Régimen en ese país. Fue un proceso con más altibajos y unas dosis de violencia que hoy consideraríamos inaceptables, aunque también cabría preguntarse por la violencia ejercida por los regímenes absolutistas sobre sus súbditos, o si en esos momentos era posible acabar con tales abusos a base de manifestaciones pacíficas delante del palacio real o escribiendo al defensor del pueblo. Si, es cierto, esto es un sarcasmo. La cuestión, al margen del reconocimiento de que no todo es tan fantástico ni un cuento de hadas, es que aquellas gentes se unieron al grito de: «Libertad, igualdad, fraternidad». También se daría lugar, durante la celebración de la Asamblea Nacional en el Juego de Pelota (un frontón), a la denominación de las tendencias políticas actuales de izquierdas y derechas, en función de como se sentaron los representantes de cada credo ideológico. Los partidarios del veto real (nobles y clero) se colocaron a la derecha (lo consideraban un lugar de honor) del Presidente de la Asamblea y los contrarios a dicho veto a la izquierda.

La Constitución Americana y la Revolución Francesa son las bases ideológicas sobre las que se quieren asentar todas las democracias modernas actuales. En España también se ha intentado en varias ocasiones durante la historia reciente alcanzar un estado democrático real, intentando acabar con formas de gobierno absolutistas y tiránicas. Durante decenas y decenas de años, a partir de los ejemplos que he descrito, todo fue en vano. Los poderes reaccionarios conseguían una y otra vez acabar con las legitimas aspiraciones de gente que aspiraba a una situación más democrática. Sobre todo de aquellas gentes que eran, por su nivel cultural, más conscientes de sus derechos como personas. Los intentos de evolución ilustrada eran barridos del mapa al ver que ponían en peligro los privilegios de los nobles y del clero, así como la mentalidad carca y reaccionaria de los mismos. No se si merece la pena mencionar aquí la constitución de 1812, la aventura de Prim y otros ejemplos. Si que hay que destacar el inmenso timo que supuso el supuesto periodo constitucional denominado Restauración, durante el cual los partidos conservadores se alternaban en el poder de forma totalmente fraudulenta a base de manipular las elecciones descaradamente.

El penúltimo intento de lograr una sociedad democrática moderna fue la proclamación de la II Republica en 1931. Durante su existencia en tiempos de paz hubo tres gobiernos surgidos de elecciones democráticas limpias; dos progresistas y uno conservador. Durante el periodo inicial transitorio, el jefe del Gobierno provisional fue también un conservador. Por añadidura, se aprobó una constitución muy adelantada a su tiempo, perfectamente homologable a las más avanzadas de la actualidad, sobre todo en lo que se refiere a la organización democrática del estado y a la defensa de los derechos humanos por parte del ordenamiento jurídico español, protegiendo de manera clara los derechos y libertades individuales y sociales. Además se amplió el derecho a voto de los españoles, pudiendo participar en los comicios cualquier hombre o mujer mayor de 23 años. Se creó un órgano legislativo unicameral, el Congreso de los Diputados. Se atendía a la diversidad cultural y nacional de diversas partes del conjunto de España. Se contemplaba un estado laico mediante el cual todo el mundo podía profesar sus creencias religiosas o no religiosas sin que ninguna de las posturas al respecto sometiera a las demás desde el punto de vista de organización político-socio-cultural. Se contempló el recurso de amparo. Se eliminó cualquier privilegio. Se instauró el divorcio.

Durante ese periodo democrático y republicano hubo un intento de revolución social en Asturias que fue sofocado por el ejercito republicano. Una vez controlada esa insurrección popular en Asturias, nada alteró el orden democrático. También durante ese tiempo se dictaron leyes que buscaban modernizar el país desde el punto de vista económico y productivo, intentando salir del secular atraso del país a ese respecto. Entre los símbolos que se crearon para representar a la nueva república estaba la bandera tricolor, que contaba con el añadido de una franja inferior de color morado, quizás intentando representar a la Castilla del posicionamiento de los Comuneros del siglo XVI contra el imperialista Carlos I y sus leyes absolutistas.

Todo se fue al traste cuando un grupo bien organizado de delincuentes golpistas apoyados por las fuerzas reaccionarias y ricas que siempre han estado en contra del progreso de este país, que además se vio favorecido por el soporte logístico del potencias extranjeras afines, así como por la mala organización de los republicanos, puso en marcha un enfrentamiento nacional que derivó en una guerra civil, en la cual finalmente se hicieron con el poder, derivando en un régimen dictatorial en el cual se suprimieron multitud de derechos y libertades, se impuso su sistema moral sobre las creencias legítimas de los demás y se castigó y persiguió a todo aquel que no comulgara con los golpistas. Para rematar, eliminaron la bandera tricolor, que había sido elegida democráticamente e impusieron otra enseña.

Cuando un americano o un francés, independientemente de ser progresista o conservador, contempla su bandera me imagino que se sienten orgullosos, más que de pertenecer a una raza o tribu, de unos valores sociales de convivencia expresados ya sea en un preámbulo constitucional, o en un lema revolucionario que proclama la igualdad, la libertad y la fraternidad como base de la vida en común dentro de un territorio determinado. Eso es lo que me pasa a mi cuando veo la bandera tricolor. Me recuerda un momento muy cercano en que casi lo consiguieron, independientemente de si uno era de izquierdas o de derechas.

El último intento, la constitución del 78, está bien y es todo muy bonito, aparentemente. Sin embargo, no tiene la dignidad del intento anterior, precisamente porque hace un tabú de su reivindicación, prácticamente propone su olvido y del de miles de victimas que descansan desperdigadas por cientos de cunetas y no condena el reconocimiento a un sistema dictatorial asesino, ni a sus perpetradores o acólitos.

Yo, demócrata republicano tricolor.

Deja un comentario